Una es un animal de costumbre y como tal se adapta a una rutina
aunque no quiera, porque el sistema te lleva a eso.
Y eso te lleva a viajar en subte y a encontrarte con las mismas
personas todos los días.
Llega un punto en el que me dan ganas de hablarles para
preguntarles como están hoy, porque es como que se genera un vinculo entre esa
persona y vos, de hecho hay como miradas en las que queda en evidencia eso. Son
como códigos en los que quedan marcados los disgustos y satisfacciones que nos
trae viajar en subte…como por ejemplo la mirada que dice “la p..uta madre, otra
vez este subte de mier….da anda como el or…to”, o la que dice “milagro!
Viene a horario”…esas son las básicas, las fáciles de reconocer.
Yo tengo tres o cuatro personajes con los que me cruzo todos los
días.
Dos son pelirrojas, una teñida a la que llamaremos Camila y la otra natural a la que llamaremos Vanesa. Junto con ellas
muchas veces me cruzo con una madre que deja en evidencia que su hija va a
danza por la mañana y las llamaremos Susana
y Milagros.
Camila tendrá unos 25 años y pasa desapercibida por el subte
porque como algunos de nosotros se viste de una forma casual para ir a trabajar
lo que me da a pensar que va a la facultad o quizá trabaja de uniforme como yo.
Vanesa tendrá unos 30 años y no pasa desapercibida porque tiene
una particularidad que me hace admirarla. Ella se maquilla en el subte, si bien
hay muchas mujeres que lo hacen ella se pinta las pestañas de una manera muy
prolija y es algo que yo nunca pude hacer en un trasporte. Eso me da a
pensar que no tiene tiempo en la casa para hacerlo porque quizá, como yo, viaja
temprano para viajar más cómoda o bien llega justo y es por eso que espera a
sentarse para poder hacerlo. Nunca la vi parada pero me gustaría para ver qué
es lo que hace. ¿Se pintara parada?, si lo hace la admirare mucho mas.
El caso mas particular es el de Susana (40) y Milagros (12) porque
ellas si que son únicas o por lo menos nunca vi a una madre dejar tan en
evidencia a su hija. ¿Por qué digo esto? Porque todas las mañanas que las veo
Susana esta peinando a su hija para la clase de Ballet. Muy prolijamente le
hace una cola de caballo y Milagros le alcanza los invisibles y luego la malla
para el rodete sin ver la cara de sufrimiento que pone su hija cuando le
tira el pelo. Dicen que la danza duele pero no creí que desde el pelo!. Ellas,
sin importarle quienes las miran, hacen lo suyo como si estuviesen en el living
de su casa y les puedo asegurar que son muchas las miradas que tienen encima.
Ellas son las caras conocidas que veo habitualmente en mis días
como topo y como tantas otras seguramente tendrán una historia que contar……
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